¿Cuántas veces has escuchado “es que no pone atención” o “si quisiera podría”? Si tenés un hijo o estudiante con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), probablemente esas frases te resultan dolorosamente familiares. El TDAH es una condición neurobiológica real, no una falta de voluntad ni una mala crianza.
En Costa Rica, miles de familias viven esta realidad a diario, muchas veces sin el acompañamiento adecuado. La buena noticia: con la orientación correcta, los niños y jóvenes con TDAH pueden florecer académica, social y emocionalmente.
¿Qué es realmente el TDAH?
El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que afecta la atención, el control de impulsos y, en algunos casos, el nivel de actividad motora. No es un problema de inteligencia — muchos niños con TDAH son altamente creativos y poseen capacidades sobresalientes.
Existen tres presentaciones principales: predominantemente inatenta, predominantemente hiperactiva-impulsiva, y combinada. Cada persona es diferente, por eso el abordaje debe ser individualizado.
Señales que debés conocer
Entre las señales más comunes están: dificultad para mantener la atención en tareas, olvidos frecuentes, impulsividad, dificultad para esperar turnos, inquietud motora constante y desorganización. En la escuela, esto suele traducirse en bajo rendimiento académico a pesar de tener la capacidad suficiente.
Es importante no confundir el TDAH con “niños malcriados” o “falta de límites”. La raíz es neurológica, no conductual.
¿Cómo acompañar desde casa?
La familia es el primer entorno de apoyo. Algunas estrategias que funcionan: rutinas claras y visuales, instrucciones cortas y directas, pausas activas entre tareas, reconocimiento de los logros (por pequeños que sean) y mucha paciencia. El amor y la constancia son herramientas poderosas.
También es fundamental trabajar en equipo con la escuela. En Costa Rica, el MEP reconoce el TDAH como una condición que puede requerir adecuaciones curriculares — no significativas o significativas — según la necesidad del estudiante.
El rol del psicopedagogo
Un proceso psicopedagógico permite evaluar las fortalezas y áreas de apoyo del niño o joven, diseñar estrategias personalizadas, orientar a la familia y coordinar con el centro educativo. No se trata de “arreglar” al niño, sino de construir puentes para que pueda aprender desde sus propias capacidades.
Aprender es florecer y crecer. Si sospechás que tu hijo o estudiante podría tener TDAH, el primer paso es buscar una valoración profesional. Escribime por WhatsApp al 🇨🇷 +506 8908-0054 — estoy aquí para acompañarte en este proceso.
